PRIMERA PARTE: LA FOGATALa noche había caído sobre el claro como un telón de terciopelo negro. Las llamas de la fogata, ya sin la euforia de la primera noche, bailaban con pereza, lamiendo los troncos con lenguas anaranjadas que apenas iluminaban un círculo de unos pocos metros. Más allá, las tiendas se erguían como fantasmas mudos, cerradas, silenciosas.Los tres chicos estaban sentados alrededor del fuego. Solos.Leo sostenía una botella de whisky, de esas de etiqueta negra que se reservan para ocasiones especiales. Bebió directo, un trago largo, y sintió el calor artificial extenderse por su pecho. Pasó la botella a Diego, que la tomó sin prisa, bebió con la misma parsimonia con la que hacía todo, y se la devolvió.Martín no bebió. Martín apenas miraba. Tenía la vista fija en las brasas, como si esperara ver en ellas el futuro que no se atrevía a imaginar.Sobre una piedra plana, al lado de Leo, había una pequeña bolsa plástica. Dentro, polvo blanco. Cocaína. La habían comprado hac
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