PRIMERA PARTE: EL AMANECER
La primera luz del día se filtró entre los árboles como un dedo tímido que toca una herida. Luna estaba despierta. No recordaba haberse dormido, pero el frío de la noche y la rigidez de sus músculos le confirmaban que había pasado horas acurrucada en el hueco del árbol.
Salió de su escondite con movimientos lentos, como un animal herido que teme encontrar al depredador aún cerca. El claro estaba vacío. Los pájaros cantaban. La naturaleza, indiferente, seguía su curso.