PRIMERA PARTE: EL CAMIONERO
La puerta del camión se abrió con un chirrido metálico. Un hombre bajó, con movimientos torpes pero rápidos, como si la urgencia le hubiera sacudido la modorra del viaje. Tendría unos cincuenta años, quizás sesenta. La barba de varios días, la gorra gastada con un logotipo que el tiempo había borrado, el buzo grueso a pesar del calor. Un hombre de carretera, de esos que ven el país a través del parabrisas.
— ¡Carajo, niña! —Exclamó, con una voz ronca que quería ser d