PRIMERA PARTE: EL AMANECER
La primera luz del día se filtró entre los árboles como un susurro. No era la luz violenta del mediodía ni la melancólica del atardecer. Era una luz nueva, tierna, que parecía estrenarse con cada rayo.
Luna caminaba desde hacía horas. No recordaba cuándo había empezado a caminar. Solo sabía que no podía parar. La furia de la noche anterior se había transformado en algo más quieto, más sólido: una determinación que le calentaba el pecho desde adentro.
El bosque empezó