PRIMERA PARTE: EL HOSPITAL
La habitación era blanca. Demasiado blanca. Paredes blancas, sábanas blancas, luz blanca entrando por la ventana tamizada por una cortina que el viento no movía. El silencio era casi absoluto, roto apenas por el pitido rítmico de un monitor cardíaco y el rumor lejano de un pasillo que nunca terminaba de callarse.
Luna estaba en la cama.
La habían limpiado. El barro, la sangre seca, las hojas pegadas al pelo… todo había desaparecido bajo el agua y el jabón neutro de un