Thor subió despacio, cada paso resonando en el silencio de la casa. Cuando llegó frente a la puerta del dormitorio, se detuvo un instante. Inspiró hondo y, con cuidado, empujó la puerta para entrar.
Dentro, Celina estaba de pie, mirando por la ventana. El suave sonido de la puerta cerrándose la hizo girar lentamente.
Sus miradas se encontraron.
Thor se quedó junto a la puerta. Celina, al lado de la ventana. Ninguno dijo nada. No todavía. Pero en ese silencio había una tormenta de sentimientos.