Arthur la miró de un modo distinto, un destello malicioso asomando en su sonrisa.
—Ven aquí… —dijo, tirando de ella con suavidad, con una mirada cargada de ternura y deseo—. Quiero disfrutar de mi esposa mientras todavía somos solo nosotros dos. Porque mañana… nuestra vida va a cambiar por completo. Y Miguel… —sonrió de lado, rozando con la mano su vientre— …ese todavía está en el horno.
Zoe soltó una risa, negando con la cabeza.
—Mira… estoy tan emocionada que creo que no voy a poder dormir es