Zoe sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Poco después, Arthur apareció en la entrada con Otto a su lado, sosteniendo su portafolio. Ambos tenían el rostro marcado por el cansancio de un día agotador.
Al verla, Otto abrió los brazos con entusiasmo.
—¡Mi nuera favorita! —dijo riendo.
—También soy la única, ¿no, suegro? —respondió Zoe con ese tono juguetón tan suyo, abrazándolo—. Pero acepto el título igual.
Otto se sentó en el sofá junto a su esposa, y Zoe ocupó la butaca frente a ellos.
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