Él suspiró, pasando el pulgar por el mentón de ella.
—Está bien… ella siempre te ha ayudado. No hay otra alternativa. Me tocará enfrentarme a una ducha fría y a mi soledad.
—Deja el drama, señor Miller. Vamos allá también. Las niñas ya están. Tú te quedas conversando con tu amigo mientras yo ayudo a Zoe.
Thor esbozó una sonrisa torcida, aunque en sus ojos se reflejaba la contrariedad.
—Amor, hoy no tengo ganas de dormir en casa de nadie. Quería ese cuerpecito solo para mí, gimiendo mi nombre… u