Thor cerró el libro con cuidado y miró a la audiencia, luego volvió a fijar los ojos en Celina.
—Ese fue el día en que me dijo que los bebés eran míos. De mi sangre. Pero, como ya saben… aunque no lo fueran, los habría asumido igual. Porque ya amaba a esas niñas antes siquiera de conocerlas. —Hizo una pausa breve, la voz quebrándose—. ¿Cómo podría olvidarlo? Justo después de eso, nuestras hijas se movieron por primera vez. Fue en ese momento… en ese instante exacto, cuando mi mundo cambió.
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