Hizo una breve pausa, con los ojos fijos en los de él.
—Y este perdón… no es por el bebé.
Es por mí. Por la mujer que elijo ser.
Arthur le sostuvo el rostro con ambas manos.
—Te lo prometo, amor. Nunca más voy a ocultarte nada —dijo, mirándola fijamente, con lágrimas corriendo sin control por su rostro—. Traicionar tu confianza… esconder verdades… y, sobre todo, haberte traicionado de aquella forma… fue el peor error de mi vida.
Se detuvo un segundo. Su voz era temblorosa, pero firme.
—Aprendí