Arthur miró a Zoe como si aún estuviera procesando todo. Tenía los ojos llenos de lágrimas, pero el brillo en ellos iba más allá de la emoción: era puro deslumbramiento.
—Yo... yo no... —balbuceó, incapaz de formar una frase al instante. Respiró hondo, como quien intenta anclarse a la realidad—. No esperaba esto. Pensé que este momento nunca llegaría.
Con cuidado, tomó el libro otra vez y lo abrazó contra el pecho.
—No tienes idea de lo que esto significa para mí —continuó, con la voz quebrada—