El sol apenas había salido cuando Celina despertó con una sensación incómoda en el pecho. Aún acostada, tomó el celular y, casi por instinto, abrió la aplicación de mensajes. Ninguna novedad de Zoe. Desde el día anterior, solo había recibido un mensaje breve y confuso de doña María: decía que estaba en el hospital con su hija. Celina había intentado llamarla varias veces después de eso, pero solo caía en el buzón de voz. El silencio la estaba consumiendo.
No fue sino hasta pasado el mediodía cu