Zoe permaneció inmóvil, con lágrimas deslizándose por sus mejillas, el rostro manchado por el dolor.
—No grites. No conviertas esto en un espectáculo —dijo con la voz baja, pero letal—. Tuviste mil oportunidades de decirme la verdad. Mil. Y escogiste el silencio. ¿Y ahora vienes a gritar como si fueras la víctima? Si hubiera sido yo la que te traicionó, tú jamás me habrías perdonado. Seguro me habrías echado de esta casa… o algo peor.
Arthur respiraba con dificultad. El pecho subía y bajaba en