El silencio que siguió a la pregunta de Zoe era tan denso que parecía llenar cada rincón de aquel cuarto. Su voz, firme y temblorosa al mismo tiempo, aún flotaba en el aire:
—¿Cuándo pensabas contarme… que vas a ser padre?
Arthur se quedó inmóvil en el mismo lugar, con la llave del coche entre los dedos, como si el tiempo se hubiese congelado.
—¿Cómo que… padre? —preguntó frunciendo el ceño, intentando entender si aquello era alguna broma.
Zoe continuó mirándolo con los ojos empañados.
—Arthur,