Thor dejó con fuerza el vaso de whisky sobre la mesa del salón, y el seco sonido resonó en el silencioso ambiente del ático. A continuación, cerró la botella con brusquedad, pero su inquietud no cesó. Volvió a coger el vaso, ahora medio vacío, y se dirigió hacia la enorme ventana de cristal que ocupaba toda la pared. Al otro lado, el mar del Golfo se extendía tranquilo bajo el cielo de la tarde, contrastando violentamente con el caos que se apoderaba de él.
Se llevó el vaso a los labios y tom