Zoe entró despacio en la habitación, con pasos leves, como quien camina sobre cristal. Se acercó a Celina, que dormía abrazada a él, encogida, como si ese contacto fuera lo único que la mantenía en pie.
—Amiga… —susurró Zoe, tocándole suavemente el hombro—. Celina… despierta, amiga… despierta.
Celina abrió los ojos despacio, como si saliera de un sueño en el que por fin estaba a salvo. Miró a Thor, besó suavemente su hombro, se incorporó con cuidado y se levantó de la cama. Zoe le tomó la mano,