Celina se acercó, tomó el libro con delicadeza como si fuera un tesoro y lo abrazó contra el pecho. Luego lo miró, emocionada. Él preguntó:
—¿Soy yo ese jefe?
—¿Lo leíste? ¡No puedo creer que lo leíste, Thor!
Thor sonrió.
—¿Cómo no iba a leer el trabajo de mi mujer?
Celina sonrió ampliamente.
—Sí, amor, ese jefe eres tú. Solo cambié el nombre.
Se acercó y lo besó con ternura, un beso cargado de gratitud y amor.
—Este libro es nuestra historia. Gracias, amor. No sé ni cómo agradecerte por todo l