En el camino hacia el restaurante, Thor conducía con una mano en el volante y la otra entrelazada con la de Celina. El coche recorría las calles iluminadas de São Paulo mientras ella, acomodada en el asiento del copiloto, lo miraba con una mezcla de ansiedad y curiosidad. Estaba radiante, con un vestido azul claro que realzaba su piel y su barriguita de casi cinco meses.
—Amor, ¿todavía no vas a decirme adónde vamos? —preguntó ella con voz dulce, girándose un poco para encararlo.
Thor sonrió de