Cuando ella se acomodó, él se quitó la camisa lentamente, con los ojos fijos en los de ella; después se despojó del resto de la ropa y entró. Se acercó, sentándose frente a ella.
El agua tibia los envolvía como un capullo y las estrellas en el cielo eran testigos silenciosos de aquella noche inolvidable.
El vapor creaba un ambiente íntimo y acogedor. Thor acariciaba su vientre, fascinado con cada movimiento sutil de los bebés.
—¿Tienes idea de cuánto me haces feliz? Verte así, con nuestros hijo