Ya era tarde cuando Celina, acurrucada en los brazos de Thor, sentía cómo el sueño la iba venciendo suavemente. Thor, consciente del tiempo que habían pasado juntos, acariciaba su cabello con ternura mientras una sonrisa satisfecha se dibujaba en sus labios.
—Vida, vamos a darnos una ducha y a comer algo —sugirió él, con la voz baja y cariñosa contra su oído.
—Ay no… —murmuró Celina, mimosa, con los ojos aún cerrados, apretándose más contra su pecho como si así pudiera escapar del mundo.
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