Thor y Arthur llegaron a la mansión después de casi dos horas de misión. Thor cargaba orgullosamente las bolsas con las coxinhas todavía calientes, el açaí bien frío, guaraná brasileño y un generoso arsenal de paçoca. Arthur venía justo detrás, equilibrando las cajas como si transportara oro.
Al entrar en la casa, fueron recibidos por Zoe y Celina, que prácticamente saltó del sofá.
—¡Por fin! —exclamó Celina con una sonrisa enorme, tomando enseguida la bolsa de las coxinhas—. ¡Ustedes salvaron