Se quedaron juntos en la bañera durante mucho tiempo, intercambiando solo caricias, palabras dulces y miradas cargadas de emoción y deseo contenido. Era un amor maduro, completo, donde el respeto y la complicidad se desbordaban.
Thor no sentía prisa. Quería vivir cada detalle, saborear cada instante de aquel reencuentro. No se trataba solo de sexo, sino de pertenencia, de encontrarse de nuevo en los ojos de ella.
Y aunque su cuerpo ardía, supo esperar, supo amar con paciencia, con la intensidad