Celina y Zoe llegaron a la mansión entre risas y charlas animadas, cargando las bolsas como dos adolescentes que vuelven de una aventura inolvidable. El ambiente ligero y despreocupado contrastaba con el silencio de la casa. El sonido de los tacones de Celina resonaba sobre el mármol, mezclándose con el suave tintinear de las pulseras de Zoe.
Al cruzar el vestíbulo, Celina vio a Thor sentado en la amplia sala de estar, con un vaso de whisky en la mano y la mirada fija en algún punto, como si es