El sol de la mañana apenas rompía el horizonte, derramando una luz pálida sobre el chalet cubierto de escarcha. La brisa cortante del invierno soplaba suave, haciendo que las ramas desnudas de los árboles se mecieran con delicadeza. El lago cercano estaba casi inmóvil, cubierto por una leve neblina que ascendía del agua como si el río respirara.
Celina, con un abrigo grueso y las manos en los bolsillos, caminaba despacio por la senda hasta la orilla. Thor la seguía, callado, respetando el silen