Una de las últimas fotos mostraba a los dos mirándose, riéndose de algo que solo ellos parecían entender. Era íntimo. Era cómplice. Era inaceptable.
Thor tomó esa foto y, con un movimiento brutal, la arrugó con fuerza en la palma de la mano.
—Maldita seas —gruñó con voz baja, gutural.
El silencio en el despacho era denso, casi palpable. Se recostó en la silla, dejó el sobre sobre la mesa y se pasó las manos por el rostro como si quisiera arrancarse la piel. La imagen de Celina riendo con Gabrie