La voz de Thor estaba cargada de desprecio y frialdad. Sus ojos, de un negro gélido, miraban a Isabela con una intensidad casi insoportable.
Isabela se incorporó lentamente, parpadeando como si hubiera despertado de una pesadilla. Su rostro pálido, aún marcado por la reciente pérdida, se contrajo en una confusión teatral.
—Thor, ¿de qué estás hablando?
Thor dio un paso más. Quedó al lado de la cama y se inclinó. Su rostro quedó a centímetros del de ella.
—De tus manipulaciones todo este tiempo.