Celina permaneció unos minutos mirando la pantalla del móvil, indecisa. El mensaje de Gabriel aún brillaba en la pantalla: «¿Te apetece verme cantar hoy?». La invitación, sencilla y directa, hacía que su corazón latiera un poco más rápido. Sabía que estaba vulnerable, sensible, pero al mismo tiempo sentía que necesitaba respirar otros aires, vivir algo diferente al dolor que la había estado arrastrando.
Tatiana la sacó de sus ensoñaciones cuando entró en la habitación, con el pelo recogido en