La doctora se detuvo un instante con el ecógrafo, con la mirada fija en la pantalla del aparato, como si estuviera analizando algo con especial atención. Celina permaneció tumbada en la camilla, sintiendo cómo se le aceleraba el corazón por la tensión del momento. Tenía los ojos fijos en el rostro de la doctora, buscando cualquier expresión que delatara lo que estaba por venir. Cuando el silencio comenzó a hacerse pesado, no pudo contenerse.
— Doctora, prefiero que me dé primero la mala noticia