Celina tomó la bandeja y empezó a comer.
—¿Quieres hablar? —preguntó Gabriel.
—No voy a llorar, Gabriel —dijo Celina, con determinación.
—Está bien —respondió él, respetando su momento.
—No lo esperaba allí, Biel. No esperaba que sonara justamente nuestra canción —dijo Celina, con los ojos empañados.
—Es el destino, Celina. No podemos huir de él —respondió Gabriel.
—Él dijo que fue allí para hablar conmigo, que quería llevarme a su ático. ¿Puedes creerlo, Gabriel? —exclamó ella, incrédula.
Gabr