Faltaban exactamente diez minutos para el final de la clase cuando el celular de Zoe vibró. Espió discretamente la pantalla y sonrió de oreja a oreja al leer el mensaje de Arthur:
"Ya estoy aquí afuera esperándote."
Aquella simple frase bastó para despertar un enjambre de mariposas en su estómago. Se mordió el labio inferior, intentando contener la sonrisa tonta, pero fue en vano.
—¡Uhhh, miren esa sonrisa de enamorada! —susurró una de sus compañeras de clase.
—Huele a romance en el aire —añadi