Alrededor de las ocho de la mañana, la habitación todavía guardaba el silencio pesado de una madrugada mal dormida. El sol ya se filtraba entre las rendijas de la cortina, pero Thor seguía allí, tirado en la cama, sumido en un sueño denso e inquieto. El aroma del vestido de Karina, abandonado junto a la almohada, aún impregnaba el ambiente. Despertó despacio, con los ojos pesados, como si el cuerpo se negara a levantarse. La cabeza le martillaba, el pecho le dolía. Se estiró lentamente, sintien