Thor permaneció sentado a la mesa después del desahogo brutal con Arthur. El silencio entre los dos era espeso, cortante. Arthur, con los codos apoyados en los brazos de la silla, lo observaba con una expresión entre decepción y compasión.
—Sabes que lo que hiciste fue imperdonable, ¿verdad? —dijo, rompiendo el silencio—. Nunca te había visto así, Thor. Perdiste por completo el control.
Thor bajó la mirada, respirando hondo, los ojos aún cargados de rabia, dolor y frustración. Arthur se levantó