Celina se giró de golpe. Era Thor.
—¿Qué significa esto? —preguntó, intentando soltarse.
Él no respondió. Simplemente la arrastró hacia el pasillo, sin importarle quién pudiera verlos.
—¡Thor, suéltame!
—Camina —murmuró él.
—¿Thor, perdiste la cabeza? ¡Te voy a denunciar!
Se detuvo, giró lentamente y la encaró con una mirada fría e impenetrable.
—¿Olvidas quién soy? Intenta...
Celina tragó en seco. El corazón se le desbocó, pero no dejó escapar ni una grieta de debilidad.
—No lo olvido. Y tampo