Durante dos días, ella se levantó temprano, se vistió con ropa cómoda y salió a caminar por los alrededores del nuevo barrio. Aprovechaba para descubrir panaderías, calles tranquilas, pequeñas plazas. La brisa matinal y el movimiento sereno de los vecinos le ayudaban a despejar la mente. Sentía que aquellas caminatas, aunque simples, formaban parte de su proceso de sanación: un paso a la vez, intentando burlar el insomnio, la ansiedad y la nostalgia.
Por las tardes, se dedicó a colocar toda la