Al día siguiente, Celina se despertó con una pesadez en el estómago que la hizo correr al baño. Las náuseas llegaron con una fuerza abrumadora y vomitó tanto que tuvo que sentarse en el suelo frío para recuperarse. Se sentía agotada, pero sabía que tenía que levantarse. Abrió el grifo de la ducha y se metió bajo el agua caliente, dejando que le corriera por el cuerpo.
Mientras el agua se llevaba el sudor y los restos de la noche anterior, los recuerdos de lo que había pasado en el hotel volvier