Celina se quedó paralizada. Su corazón latía tan fuerte que parecía querer salirse de su pecho. Abrió mucho los ojos, incapaz de apartar la mirada de la escena que se desarrollaba ante ella.
Thor estaba allí, con los pantalones bajados, su empleada sentada sobre la mesa, con el vestido levantado y las piernas rodeándole la cintura. La mujer echaba la cabeza hacia atrás, gimiendo fuerte, mientras Thor, con voz ronca y cargada de deseo, le susurraba palabras picantes. Su toque posesivo, la forma