Gabriel respiró hondo y habló con una voz baja y serena:
— Entiendo tu dolor. Y tu rabia. Pero guardártelo puede lastimarte más de lo que imaginas. No necesitas decidir todo ahora. Solo… no tomes decisiones movida por el rencor. Piensa con calma. Por el bien de ellos… y por el tuyo también.
Mientras tanto, en otro rincón de la ciudad, Thor entraba a un bar. Pidió un whisky, luego otro, y después uno más. El odio todavía lo dominaba. La imagen de Celina entrando al edificio con Gabriel ardía en