Estoy temblando. No pensé que verlo de nuevo provocaría semejante sacudida en mí. Esta vez estoy dispuesta a no dejarlo escapar. Revisé con disimulo y confirmé lo que mis ojos anhelaban: no llevaba anillo de matrimonio. ¡Ahhh, no lo puedo creer!
Ese hombre será mío, y no pienso volver a dejarlo ir.
Manejo directo al restaurante, estaciono y subo a la casa. Lo primero que hago es poner música movida para infundirme energía y ordeno cada rincón. Algo dentro de mí me dice que esta será nuestra noch