Capítulo 71. El turco.
El interior de la furgoneta de carga era un ataúd de metal que olía a pescado podrido, grasa de motor y miedo añejo. No había ventanas, solo la oscuridad absoluta rota ocasionalmente por un rayo de luz ámbar que se colaba por las rendijas de las puertas traseras cuando pasaban bajo una farola del puerto.
Diana estaba sentada en el suelo, sobre una manta vieja que Renzo había tirado allí en el último segundo. Tenía las piernas cruzadas y a Alessandro apretado contra su pecho, protegiéndole la ca