Capítulo 9. Una extraña en mi piel.
Massimo no esperó más. La paciencia se le había agotado en el momento en que sintió el calor de ella fundirse con el suyo.Sin palabras, guio las caderas de Diana, buscando el contacto definitivo.Diana se tensó por completo. El instinto de huida luchaba contra su determinación de salvar a su madre. Nunca había estado con un hombre. Su cuerpo era un territorio inexplorado, sagrado, que había guardado para alguien especial, no para un contrato de chantaje en la oscuridad.Cuando Massimo intentó entrar, se topó con una barrera.Él frunció el ceño en la penumbra, confundido. Clara no debería sentirse así.—Relájate... —susurró él, acariciando su cintura con una mano grande y callosa—. No voy a hacerte daño.Diana cerró los ojos con fuerza, apretando los dientes. Es solo dolor, se dijo. Es solo un momento. Hazlo por mamá.Con un movimiento decidido, ella empujó sus caderas hacia abajo, forzando la unión.Un dolor agudo, punzante, la atravesó, arrancándole un grito ahogado que no pudo repr
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