Capítulo 5. Tinieblas.
El regreso a la consciencia no fue gradual; fue violento, como emerger de un pozo de agua helada buscando aire desesperadamente.Massimo aspiró una bocanada de aire, pero el movimiento le provocó un dolor punzante en el tórax que le arrancó un gemido ronco. Sentía el cuerpo pesado, como si estuviera hecho de plomo fundido, y un latido sordo y constante martilleaba sus sienes.—¡Se ha despertado! —escuchó una voz femenina, lejana y distorsionada por el zumbido en sus oídos. Era su madre, Isabella.—Llamen al doctor, rápido. —Esa era la voz de su padre, Andrés. Sonaba más viejo, más cansado.Massimo intentó abrir los ojos. Sentía los párpados pesados, pegajosos. Hizo un esfuerzo titánico y logró separarlos. Esperaba ver el techo blanco del hospital, las luces fluorescentes, los rostros preocupados de sus padres.Pero no vio nada.Absolutamente nada.Solo una oscuridad densa, impenetrable y asfixiante, como si lo hubieran encerrado en una caja fuerte en el fondo del océano.—¿Madre? —pre
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