Capítulo 57. Fantasmas.
Massimo miró el teléfono. Ese aparato había sido su centro de mando durante años. Allí estaban sus contactos, sus cuentas, sus fotos, su vida. Pero ahora, en manos de Conrad Thompson y sus hackers, era un micrófono abierto y un faro GPS.
—¿Cómo supieron que ya estábamos aquí tan rápido? —preguntó Diana, que bajaba las escaleras con una bolsa de pañales al hombro—. Aterrizamos hace unas horas en un vuelo privado no registrado, fuimos al hospital y tenemos pocas horas aquí.
—Porque nosotros se lo