Capítulo 58. El parte de guerra.
La mañana en la Madriguera amaneció fría y neblinosa. Aunque la noche anterior habían logrado una paz momentánea, la realidad llegó con el primer rayo de sol.
Renzo entró en la cabaña tras haber bajado al pueblo más cercano para usar un teléfono público y contactar con sus ojos en la ciudad. Su rostro estaba demacrado, más pálido de lo habitual.
Diana estaba en la cocina ayudando a Andrea a preparar café de olla, mientras Massimo revisaba las armas sobre la mesa del comedor.
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