Capítulo 42. El silencio.
La lancha Caronte volaba sobre el mar negro, golpeando las olas con una violencia que sacudía los huesos.
Apenas se alejaron lo suficiente del resplandor del incendio, Massimo se dejó caer en el suelo de la cubierta junto a Diana, que temblaba violentamente abrazada a su hijo.
—¡Renzo! —gritó Massimo sobre el rugido del motor—. ¡El kit!
—¡Debajo de la consola! —respondió Renzo, señalando un compartimento estanco con la cabeza—. ¡Bolsa amarilla!
Massimo abrió el compartimento y sacó una bolsa tá