Capítulo 16. Ojos que ven, corazón que siente.
Massimo Carusso estaba sentado en el sillón de cuero de su despacho, con las piernas cruzadas y las manos entrelazadas sobre el regazo. Llevaba puestas sus gafas oscuras de aviador, esas que se habían convertido en su máscara y su escudo durante los últimos días.
Frente a él, la puerta estaba abierta.
Cualquiera que pasara por el pasillo vería a un hombre ciego, derrotado, mirando hacia la nada. Pero la realidad era muy distinta.
Detrás de los cristales tintados, sus ojos verdes se movían con a