Capítulo 15. La luz en la tormenta.
La puerta se cerró con el suave clic de cada noche, sumiendo la habitación en la oscuridad habitual. Pero para Massimo, esa oscuridad ya no era tan absoluta.
Llevaba horas ejercitando sus ojos en secreto, forzando la vista contra las sombras, y había notado que los contornos de los muebles empezaban a definirse. No era una visión perfecta; todavía veía el mundo como a través de un cristal empañado, pero era suficiente para distinguir la luz de la oscuridad, las formas de los bultos.
—¿Estás ahí