Tengo necesidades que satisfacer.
El agua caliente resbalaba por el cuerpo de Leandro mientras silbaba, como si nada hubiera ocurrido. Luz, en la ducha contigua, frotaba su piel con esmero, intentando borrar cualquier rastro del encuentro salvaje que acababa de tener con él. Habían ordenado la habitación, cambiado las sábanas y ventilado el espacio, pero el perfume del sexo aún flotaba en el aire, como una sombra imposible de disimular.
Unos minutos después, Anna y Lissandro regresaron de su visita al orfanato.
Anna subió al do