Temprano, cuando la ciudad todavía bostezaba y el café olía a calma, Arthur llamó a Lissandro.
—Lissandro, hablé con mi tío —dijo Arthur por teléfono, voz grave y sin prisas—. Dijo que habían llevado a la tía Kate a un neurocirujano. El químico inflama cierta parte del cerebro y con un medicamento eso se desinflama; los recuerdos pueden volver, pero será un poco doloroso.
—Ya veo —respondió Lissandro, conteniendo la esperanza—. Gracias, Arthur, por la información. Ahora iremos con Anna a ver a