Mundo ficciónIniciar sesiónAnna seguía dormida.
El sonido del monitor acompañaba el ritmo sereno de su respiración. La luz tenue del hospital le daba un aire etéreo, casi frágil.
Lissandro permanecía sentado junto a su cama, con los codos apoyados en las rodillas y los ojos fijos en su rostro. Le acariciaba la mano con delicadeza, pasando el pulgar sobre sus dedos.







