Preparando todo para recibirlas.
El vehículo avanzó lentamente por un camino rodeado de árboles altos y frondosos cuyos brazos verdes parecían inclinarse formando un túnel natural. La luz del atardecer se filtraba entre las hojas, pintando el interior del auto con destellos dorados. Aída miraba por la ventana en silencio, con el corazón latiéndole rápido, sin saber exactamente qué esperar.
De pronto, al final del sendero, unas enormes puertas blancas se abrieron de par en par.
—¿Es esta? —preguntó casi en un susurro.
Luciano s